Una ventana al mundo: noviembre

Vamos a jugar a un juego. ¿Te apetece?

Dirígete a la ventana que tienes más cerca. Ábrela, de par en par y asómate. Apunta todo lo qué ves en forma de lista: lo que hueles, lo que oyes, la temperatura que hace, si llueve, si nieva, si hace calor, si es de noche, si es de día, si hay gritos, si hay risas, si hay música, si hay coches, si hay árboles, los sonidos, los colores…

Después de haber apuntado todo, léelo y mira cuales de esas cosas que están apuntadas SOLO suceden en ese lugar exacto en ese momento exacto del año (por ejemplo, que sea de noche a las 6 de la tarde).

Bien, tras haber hecho este ejercicio te habrás convertido en un fiel observador de tu entorno y estarás preparado para lo que te voy a contar.
Esto no es un artículo normal (como ya te habrás dado cuenta). No es ni siquiera un artículo. Es una ventana al mundo.

He pedido a varias personas que están en diferentes puntos del planeta en este momento, a 15 de noviembre de 2016 (día en el que estoy escribiendo esto), que me envíen una “ventana” del lugar que habitan, para que podamos asomarnos desde aquí.

Como gracias al ejercicio de antes ya nos hemos convertido en auténticos “Observadores Etnográficos de lo que se Ve desde Nuestra Ventana”, no nos será difícil sumergirnos en esas pequeñas ventanas portátiles que he reunido para vosotros y que estos prestigiosos observadores etnográficos que colaboran hoy conmigo han captado a la perfección.

Una ventana al mundo

Sin más demora, vamos a asomarnos al mundo, estos son los lugares  en los que vamos a abrir una ventana.

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1. Una ventana a… Canadá. Puentes en el Aire

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En noviembre de 2016 el otoño en Cowichan Valley, en la isla de Vancouver, huele a lluvia y a tierra mojada. En esta tierra no es completamente marrón o rojo, sino una mezcla de ambos que, dependiendo de la luz, hace que se pinte cada vez un lienzo distinto. Los sonidos son de pura naturaleza: los árboles moviéndose, los pájaros dialogando entre sus ramas y los tímidos cacareos de las gallinas paseando distraídas por la granja. El olor el de una tierra húmeda y fértil esperando a ser labrada.

2. Una ventana a… Egipto. La ratona viajera

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Noviembre en Egipto es tan cálido como uno se imagina antes de llegar a pisar sus calles. El polvo y la arena, el paisaje amarillento de la tierra y las casas de adobe predominan, con pequeñas notas de color añadidas por los llamativos tejidos egipcios. Se escucha las voces de los vendedores intentando colocar algún producto  y los berridos de los  camellos que ahora son  los que esperan y buscan turistas en los alrededores de las pirámides de Egipto, quizá agradeciendo un merecido descanso de años de constante trabajo.

3. Una ventana a… México. Vivir para viajar

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Noviembre en Yucatán es soleado y seco. La ventana desde la que miro muestra Las Coloradas,  un lugar que parece sacado de otro mundo. Una salina frente a un mar turquesa, y un alga que otorga al agua un tono rosado, dejando un gusto intenso para el paladar, y un regalo para la vista. El sonido es casi silencio, solo cortado por una tímida brisa.

4. Una ventana a… Filipinas. La gaveta voladora

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Noviembre en las Chocolate Hills.  1.268 colinas que durante el otoño aún mantienen su color verde porque aun continúa la temporada de lluvias y que pasarán a ser de color marrón durante la estación seca, de ahí el nombre que reciben.
Durante los escasos km previos a las colinas se ven infinitos arrozales y pequeños grupos de casas que forman pueblitos. Se escucha el viento y las aves ocultas entre los árboles. El olor es a tierra y hierba, aun húmedas tras la última tormenta.
 

5. Una ventana a… Japón. Un viaje creativo.
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El noviembre en Takayama es rojo, amarillo y naranja fuego. Los cercanos alpes japoneses dan un clima más frío a una región de Japón que no tardará en recibir las primeras nieves. La lluvia y el cielo encapotado apagan los sonidos de un lugar en el que la naturaleza es uno de los principales tesoros. Se ve la ardiente hoja del arce japones, de un rojo vibrante que va pasando por diferentes tonos de amarillo y naranja. 
 

6. Una ventana a… Nueva Zelanda. Sin parar de viajar

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Otoño al norte de Auckland. Una ventana abierta hacia un un parque nacional  de nombre impronunciable al norte de la ciudad. La primavera hace brillar los colores, dejando al sol que campe a sus anchas.  Huele a mar y a campo, en un lugar donde el verde termina donde comienza el azul marino. Se oyen las aves marinas y a los primeros bañistas que acuden a la playa. 

7. Una ventana a… Colombia. Sin mapa

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Noviembre en el eje cafetero, en el valle de Cócora a pocos kilómetros de Salento. Es el final de la época de lluvias y la ventana muestra dos tipos de ambientes: por las mañanas, cielos azules con tres nubes despistadas; sobre el mediodía, estas se reúnen y cubren el cielo, pintándolo de gris acero con la amenaza de que en cualquier momento puede empezar a llover.
Se ven las  figuras esbeltas de las palmeras contra el cielo azul rodeadas de valle verde  frondoso con las vacas pastando tranquilamente. Huele a tierra y a naturaleza. Se escucha el viento, los mugidos y el trino de algunos pájaros escondidos.
 

8. Una ventana a… Argentina. Magia en el camino

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Noviembre y la primavera explotan en el barrio de Villa Devoto, Buenos Aires.  En esta ventana las jacarandás explotan de color, convirtiéndose en el gran tesoro de la ciudad en esta época. El calor golpea con casi 28 grados y se oye a la gente que invade los parques buscando un lugar para tumbarse al refugio de la sombra. Se oye la vida de la calle y los cantos de los primero pájaros que han empezado a llegar buscando el buen tiempo. 

9. Una ventana a… España. Un viaje creativo

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Noviembre es explosión de color en el hayedo de Montejo, en Madrid. El sol luce con permiso de las lluvias, que ya empiezan a aparecer, aunque algo tímidas, sembrando el bosque de setas y hojas caídas. Los naranjas, amarillos y ocres se mezclan con los verdes de los árboles no caducos. Se escuchan las aves que comienzan su migración hacia lugares más cálidos y el sonido del río Jarama sirve de arrullo para el senderista que acude a la caza de los ansiados boletus edulis.
Una ventana al mundo es algo necesario de vez en cuando, una ventana a los diferentes rincones, porque en cada lugar las realidades son distintas y en cada realidad, el ser humano se  pregunta si no se estará perdiendo algo importante que sucede lejos, muy, muy lejos, en el silencio de los lugares que no alcanzan a ver sus ojos. 

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3 Responses

  1. Valen dice:

    Una vez más pedazo de idea, y qué honor haber participado en algo tan bonito, ¡gracias! Nunca se me había ocurrido “ver” como es el mundo a la vez en distintos sitios y la verdad es que es un ejercicio super curioso, otra forma de ser consciente de la inmensidad y la variedad que nos rodea, eres un crack! (creo que esto te lo he dicho mil veces pero no me canso jaja)

  2. Francisco dice:

    ¿Estás en Japón? No te pierdas ir una noche a dormir a un templo en Koyasan

    • DaniKeral dice:

      Hola Francisco, perdona la tardanza. No estaba en Japón, sino en Madrid (aunque justo después de publicarla marché a Marruecos). Koyasan, ya que lo mencionas, es de las cosas que me dejé pendientes para mi próxima visita 🙂

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