Pushkar: las ciudades y la sencillez.

La vida en Pushkar es bella.
En ella  la gente se mueve a un ritmo distinto a los demás… más sencillo, más puro,  más tranquilo.

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Casi todo en su interior lleva ese halo de paz y tranquilidad místicas que tiene por ser una de las 5 ciudades sagradas del hinduísmo.

Según la tradición, Pushkar nació de una flor de loto, que es su significado real (hay varias versiones de la historia, la que más me gusta es esa en la que los dioses dejaron libre a un cisne que llevaba una flor de loto en el pico y donde calló la flor, el dios Brahma hizo nacer a Pushkar).

Por esta razón, la pequeña pushkar se convierte en un lugar de hiperconcentración de peregrinos y turistas. Pero es igual. A Pushkar no le afecta, continúa siendo sencilla, pequeña y redonda como una moneda.

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Pushkar podría presumir de tener cientos de lugares de sosiego, de esos que el viajero soñador ansía encontrar para echar a volar su imaginación, de los que hacen nacer grandes obras de arte a través de plumas inquietas voraces de inspiración.

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Se sabe poseedora de uno de los atardeceres más limpios y claros de toda India, sin polución que enturbie los rayos anaranjados de un sol limpio y luminoso que se oculta bajo la tierra a la hora a la que debe ocultarse.

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Incluso entre su gente se encuentra uno de los barberos más famosos del mundo, Babá, el barbero cósmico, descubierto mundialmente  gracias a “the nomad barber“:

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Pushkar ha sido el último lugar que he visitado de mi primer contacto con India y ha sido porque Pushkar me mandó un mensaje. Yo quería un lugar donde desconectar del ritmo indio, un lugar donde poder descansar y disfrutar relajadamente la tierra que pisaba… y allí apareció la ciudad del lago sagrado.

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Protegida por pequeñas colinas, la ciudad se acurruca dentro de ellas junto a su lago, amodorrando a todos los que a ella llegan. Perderse por sus calles no es la misma sensación de perderse por las calles de otras ciudades indias. Esta apacigua los sonidos, aminora la marcha y la velocidad de la gente… Hace crecer el apetito y las ganas por vivir más despacio, más harmonizado…

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Su gente es abierta, amable, sencilla, modesta. Una sonrisa, un saludo, unas preguntas cordiales, una petición de una foto pero posando con mirada tímida, hacia el suelo.

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Solo hay una cosa que le falta a Pushkar, una única e importante cosa que le falta a Pushkar… poder convencer al resto de sus hermanas-ciudad que la acompañan en India de que pueden ser tranquilas, sencillas y armoniosas como ella

“Solo tienen que intentarlo” dice en un susurro mientras los peregrinos la observan desde las alturas…

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1 Response

  1. mayo 9, 2016

    […] 6. Sus ojos solo se cruzaron con los míos cuando me pidió una foto con su nieta. Después, una humilde y tímida mirada hacia el suelo la sustituyó, como queriendo ceder todo el protagonismo a la estrella que tenía entre sus brazos. Pero la estrella solo le podía mirar a ÉL.  (Pushkar) […]

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