Marruecos, la Búsqueda (2): Ait Benhaddou y Todra (Un fotorrelato)

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Ahora ya lo sabíamos: lo que estábamos buscando no se encontraba en Ait Benhaddou.

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La mirada de Juan se perdía en el horizonte, desde el punto más alto de la imponente ciudad fortificada, hacia el lugar al que Brahim, no con mucha convicción, nos había indicado que debíamos seguir buscando.

Esa misma mañana habíamos abandonado Marrakech siguiendo la pista que nos dio  el extraño Hombre Camaleón, con un vehículo de alquiler camino al sur, hacia el ksar de Ait Benhaddou.
Un áspero paisaje rojizo, con tímidos intentos de vegetación y pequeños núcleos rurales construidos en adobe, fue apareciendo conforme nos alejábamos de la gran ciudad imperial de Marrakech.

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Tras auparnos al Atlas y escurrirnos de entre sus enormes garras a través del puerto de Tizi n´Tichka, la ventana de entrada hacia el sur desértico, el imponente calor nos dejó bien claro que el desierto no andaba lejos.

Ait Benhaddou nos recibió pasadas dos horas del mediodía y, bajo un sol aplastante, observamos la poderosa fortaleza. Un oasis en mitad de la vacía tierra rojiza con una ciudadela erguida en su mitad plantándole cara al rey sol.

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Comenzamos la búsqueda sin saber muy bien por dónde empezar, pues pese a que ahora al menos teníamos un nombre por el que preguntar, “Brahim”, también era cierto que ese era uno de los nombres más comunes en Marruecos.

Recurrimos a la primera y más a fácil opción: preguntar a la gente del lugar. Los primeros con los que nos cruzamos solo hablaban bereber y francés y no parecían entender lo que les decíamos. Nos acercamos a uno de los hoteles esperando encontrar algo más de colaboración, pero lo único que conseguimos fue una insegura pista que nos llevaba dentro de la fortaleza.
Atravesamos el río pero ahí apenas encontramos a quien preguntar, salvo algun turista despistado con la insensata idea de visitar la ciudad en las horas de mayor calor en lugar de resguardarse como hacía el resto del pueblo.
Al final, por puro azar, un cartel nos dio una posible respuesta: pintado a mano y medio oculto en una esquina, las palabras “CHEZ BRAHIM” nos indicaban la presencia de una casa de hospedaje.
Entramos al pequeño local y preguntamos a la primera persona que encontramos que, afortunadamente, hablaba algo de inglés. Nos indicó que Brahim, el dueño del local se encontraba arriba en la terraza y nos invitó a subir a donde estaba él.
Cuando la alcanzamos, nos quedamos fascinados con lo que se abría antes nuestros ojos.

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Brahim, un hombre de baja estatura, regordete y con tez morena nos recibió como si fuésemos la visita más especial de su vida y, tras contestarle a su pregunta y decirle que todavía no habíamos comido, se apresuró a invitarnos a un tajine.

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La conversación fue realmente especial,  pasaron las horas como segundos al viento. Nos confirmó que él era Brahim, el mismo al que se refería el Hombre Camaleón (cuyo nombre era Ismail), pero nos desveló que allí no estaba lo que andábamos buscando. No sabía con exactitud dónde podríamos hallarlo, pero nos dio un nuevo indicio: las profundidades de la garganta del Todra, en el interior de la parte sur del Atlas.
Como se había hecho tarde para poder llegar de día a Tinghir, la ciudad más cercana la garganta, decidimos quedarnos a pasar noche con Brahim.

Despertar en un lugar como Ait Benhaddou y en la casa de Brahim hacía dura la partida, pero debíamos seguir así que, nos despedimos de él y, tras darnos el nombre de un buen amigo suyo de Tinghir, partimos con las primeras luces del amanecer.

La carretera dirección Tinghir se encontraba entre el Atlas y el rocoso Jbhel Saghro y atravesaba las ciudades de Ouarzazat, Skoura y Boumalne Dades, dejándonos claros indicios de que el desierto comenzaba ahí detrás en algún lado, a un probable tiro de piedra.

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Todavía de mañana, llegamos a Tinghir y nos apresuramos a ir a la dirección que nos había facilitado Brahim, donde debíamos encontrar a Said.

Este resultó ser el dueño de un camping-hotel llamado Le Soleil.
Cuando entramos, un hombre se acercó a preguntarnos si buscábamos habitación a lo cual le contestamos prudentemente que todavía no era seguro. Le dijimos el nombre que íbamos buscando mencionando a Brahim y en seguida se fue al interior de la casa para buscarle. 
Al poco apareció un hombre con traje negro y delgado bigote, el cual nos invitó a entrar en su casa. Con un té moruno en la mesa y, tras mencionarle brevemente la historia de nuestra búsqueda, Said se reclinó en su asiento y dijo que tenía a alguien que podría guiarnos esa misma mañana hacia Todra, a través del palmeral, el camino más corto, pues a través de la montaña se perdían varias horas.

Mohamed era el nombre del guía, un chico joven de apenas 20 años, , que miraba a todos lados y a ninguno a la vez con una tranquila timidez. Nos condujo a través del inmenso palmeral, una selva de pequeños cultivos y enormes palmeras que se extiende por todo el valle del río Todra, cruzando pasadizos de roca, entrando hasta lo más profundo del corazón de piedra y adobe.

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Y, finalmente, se irguió ante nuestros ojos, inmensa y orgullosa, la colosal pared de la garganta del Todra… Quizá por fin ahí estuviese lo que ansiábamos encontrar, quizá detrás de esas enormes paredes podríamos dar por finalizada nuestra búsqueda.

Sin dudas en nuestros ojos y con esperanzas renovadas, Mohamed, Juan y yo nos encaminamos hacia la boca del Atlas a comprobar si el destino nos estaba esperando junto a aquellas palpitantes piedras rojizas

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4 Responses

  1. Joder esto tiene más tensión que el final de Perdidos! (espero que no decepcione igual… xD).
    Muy buen post Dani. Tuve la suerte de visitar Ait Benhaddou hace seis años con mi hermana y mi cuñado y fue una experiencia única. Un lugar muy mágico.

    Un abrazo crack!

    • DaniKeral dice:

      jajajajjaja, no, espero no decepcionar (a mi no me decepcionó jejejeje) con la resolución. Estoy por meterle a Locke en mitad de la historia o humo negro o un Sawyer dando hachazos al personal.

      Gracias por seguir el relato, man!!!!
      Otro abrazo!!!!

  1. abril 18, 2015

    […] La búsqueda  tenía un nuevo destino para poder continuar… y sería alejándonos de Marrakech hacia el sur, por las carreteras impredecibles de la rojiza Marruecos. ¿Qué nos encontraríamos en el siguiente tramo de la aventura? […]

  2. abril 26, 2015

    […] como una verde y brillante ría. Habíamos regresado hacía un par de horas desandando el camino desde Todra a través del palmeral. Las imponentes paredes, repletas de escaladores, nos habían cobijado […]

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