Marruecos, la Búsqueda (3): Gargantas del Dades (un fotorrelato)

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Esa tarde, Tinghir se veía poderosamente naranja en contraste con el gigantesco palmeral, el cual la atravesaba en dos como una verde y brillante ría.Tinghir
Habíamos regresado hacía un par de horas desandando el camino desde Todra a través del palmeral. Las imponentes paredes, repletas de escaladores, nos habían cobijado durante la expedición. Tras sus muros se escondía un enorme tesoro de piedra rojiza.
Pero descubrimos casi al instante que allí tampoco lo encontraríamos.

Pasamos la noche en Le Soleil, el camping de Said, el hombre que nos había mencionado Brahim a nuestro paso por Ait Benhaddou. Estábamos tristes y confusos, porque no sabíamos a dónde iba a llevar esa búsqueda… si es que iba a llevar a algún lado. Ahora estábamos peor que al principio, en mitad de Marruecos y sin pista alguna que seguir.

Al día siguiente desayunamos con calma , sopesando qué hacer. A media mañana ya habíamos decidido la estrategia: partiríamos de vuelta, hacia Ouarzazate y Ait Benhaddou, para retomar la búsqueda en el último punto donde habíamos encontrado algún indicio.
A medio camino, a la altura de Boumalne Dades paramos a comprar algo de fruta y nos pusimos a hablar con el vendedor. Tienda de carretera cerca de Boumalne DadesEste nos comenzó a hablar de las gargantas del Dadés y a preguntarnos si las conocíamos,ante lo cual le dijimos que no pero que veníamos de recorrer las del Todra. 
Otro hombre, vestido con el atuendo bereber y que había estado escuchando desde lejos toda la conversación, se acercó de pronto hacia nosotros y nos dijo, de improviso:

Síganme, deben ver algo.

Y se dirigió hacia su coche, arrancó y se dispuso a salir hacia la carretera. Con una mano por fuera de la ventanilla nos apremió para que le hiciéramos caso.

Bastante sorprendidos por la situación, nos miramos y, sin decir palabra, decidimos seguirle, total, en este viaje ya habían pasado cosas algo extrañas. Una más era algo casi familiar para nosotros.
Al poco de montarnos, arrancó a gran velocidad y nos pegamos a él como pudimos, adentrándonos en las gargantas del Dades.Hacia las gargantas del Dades

Mientras circulábamos, el rojizo y árido clima predesértico se convirtió en un verde y largo valle salpicado de pequeños pueblos y kasbahs (esta zona formaba parte de la llamada” ruta de las mil kasbahs”).
Confusos en un principio por no saber hacia dónde nos dirigíamos, pronto nos dejamos de preocupar: lo que veíamos comenzó a ocupar toda nuestra atención.Cerebros del Atlas
Formaciones rocosas en forma de dedos de mono o de cerebro se dibujaban en las paredes del valle, abruptos cambios de rasante que obligaban a conducir con toda la precaución posible.Gargantas del Dades

La carretera fue ganando altura y, tras varias decenas de curvas, vimos que el espectáculo estaba ahí esperando nuestra llegada. La sinuosa garganta del Dades se ponía a nuestros pies con las grandes moles nevadas del alto Atlas sirviendo de coro.Valle de M´semrir

Nuestro improvisado guía seguía su camino deteniéndose de cuando en cuando para permitirnos alcanzarle. Finalmente, paramos en un pueblo, M´semrir. El hombre se nos acercó y nos indicó dónde estacionar el coche.
Nos dijo que ese era el último pueblo al que se podía llegar por carretera en la garganta del Dades.

Os he traído porque alguien quiere veros.

Completamente descolocados, nos miramos y le preguntamos que quién era, si nadie nos conocía en Marruecos.

– No es necesario que os conozca, él sólo sabía que vendríais. Os voy a llevar con él, pero ofrece una condición: debéis obsequiarle con un regalo por lo que tiene que deciros.

Le preguntamos que de qué se trataba, qué regalo había que hacerle.

– Los tratos se cierran con el intercambio de ropa y alimentos.

Acto seguido, nos dirigimos hacia el mercado, una desordenada sucesión de tiendas de lona con frutas, cereales, verduras esparcidos en sacos, cajas, redes y telas sobre el suelo.Mercado M´semrir

Fue este el primer lugar donde, como europeos, fuimos sencillamente ignorados, nadie nos intentaba vender nada a no ser que nosotros lo buscásemos adrede.
Para la misteriosa ofrenda acabamos cogiendo algo de fruta, c_DSC1188ereales y verduras y seguimos a nuestro guía hacia la casa donde se encontraba el misterioso personaje.

Este resultó ser otro hombre bereber de unos 70 años, con barba grisácea y ojos penetrantes. Estaba sentado en el suelo, junto a una mesa baja, tomando un té.

Le dejamos el obsequio y él, sin mirarlo, nos lo devolvió:

– No lo necesito. Debía comprobar hasta qué punto llega vuestra confianza. La demostrasteis siguiendo a mi buen amigo Halil hasta aquí, y ahora, por segunda vez, la demostráis obsequiando con alimentos a un hombre al que ni conocíais. Estáis preparados para terminar vuestra búsqueda.

Y, sacando un papel de debajo de la mesita, garabateó unas letras y nos lo dio diciendo:

– Tomad, dirigíos a él. Partid ya para llegar antes del anochecer.

Vallée du Draa, Kasbah de Tamnougalt. Yusuf
“le bruit du silence”

“El ruido del silencio.“

Tras despedirnos de ambos hombres volvimos hacia nuestro coche. Casi cuatro horas nos separaban de Tamnougalt desde donde estábamos, pasando por Ouarzazate y dirigiéndonos hacia la carretera de Zagora, por el valle del Draa.

Con la tarde ya avanzada, llegamos hasta Tamnougalt y su imponente kasbah. Kasbah de TamnougaltNos acercanos andando a la enorme mole de adobe y en la puerta nos encontramos a un hombre  que parecía ser el encargado del lugar. Tras el saludo, le preguntamos por el tal Yusuf.

Era él.

Inmediatamente sacamos el papel con las instrucciones.
Yusuf lo leyó detenidamente, puso una cara de admirada sorpresa y, tras mirarnos fijamente a los ojos durante un par de segundos, nos dijo.

Bien, habéis llegado a mi. Yo os explicaré cómo alcanzar el ruido del silencio.Tamnougalt

Acto seguido,nos pidió que le siguiéramos a través del poblado hasta su casa, donde nos diría todo lo que necesitábamos escuchar.

Y lo que escuchamos… sirvió para cambiar nuestras vidas para siempre.

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3 Responses

  1. Patri dice:

    Precioso relato, Dani. Me has hecho volver a la Garganta del Dades pero de una forma mucho más mística, como si estuviera en un libro de Paulo Coelho (tipo El Alquimista) en el que te encuentras a ti mismo a través de un viaje inesperado y personajes desconocidos que te van guiando en esa búsqueda.
    Qué belleza de paisaje, el contraste de la tierra roja con el verde de los palmerales… El sur de Marruecos es para dejarse fascinar y perderse. Un abrazote

    • DaniKeral dice:

      Yuhu! Me alegro de que te haya gustado esta tercera parte… quería dedicarle a Dadés una parte especial porque fue muy especial encontrarnos toda esa bestialidad de paisaje y el pueblo de M´semrir. Pero… el último capítulo está por llegar y va a ser especial (aunque ya has visto en otro post algunas fotos que aparecerán). Otro abrazote!!

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