En busca del OSO POLAR en MOTO de NIEVE

Cuando te planteas si quieres ir a ver al depredador terrestre más grande del mundo, un escalofrío recorre toda tu espina dorsal. El oso polar tiene un nombre que ya, de por sí, atemoriza.  

Esa fue mi sensación cuando estaba a punto de comprar el pasaje que me llevaría desde Tromso hasta Longyearbyen, en Svalbard: el lugar poblado más al norte del planeta.

Svalbard_09

El archipiélago de Svalbard, al que pertenece esta población de apenas 2000 habitantes, se encuentra entre los 74 y los 81 grados de latitud norte.

O lo que es lo mismo: se encuentra más cerca del Polo Norte que de ningún otro lugar.

Debido a su extrema latitud aloja entre sus pobladores al carnívoro terrestre más grande: el oso polar. Es más, de hecho es el lugar con mayor concentración de osos polares del mundo.

Oso polar

Y esto, evidentemente, tiene sus consecuencias para aquellos otros seres que decidan habitar la isla.
Entre ellos, por supuesto, los humanos.

Planeando la aventura

Este lugar es, quizá, uno de los pocos territorios donde es obligatoria la presencia de un arma (con su correspondiente permiso) para salir fuera de poblado. Son varias las historias que acabaron en tragedia debido a la inconsciencia de las víctimas.

Pero tranquilosen Svalbard hay turismo, de hecho, casi todo el tránsito que recibe es de turistas. Y es que esta tierra es especial, muy especial. Un lugar en el que el hombre apenas ha hecho un pequeño rasguño sobre su superficie.

Valles totalmente vírgenes, sin huella humana, que recuerdan a otra era, en la que mammuts recorrían la Tierra.

Svalbard

Y entre los atractivos turísticos se encuentra el poder cruzar la isla principal en moto de nieve, de oeste a este, a lo largo de más de 100 kilómetros, hasta el hogar de los osos polares (estos mamíferos habitan la costa este de Spitzbergen, la isla principal del archipiélago,  ya que es más fría que la costa oeste)

 

Bien, pues ante la decisión, el ansia de aventura pudo al miedo y decidí dar el salto desde el continente para poder vivir la experiencia de la tierra polar. Y con ella la del avistamiento del oso polar.

Para ir a la costa este solo es posible hacerlo en moto de nieve en excursión guiada (con guía armado) por algunas de las empresas que operan allí.

Habiendo ultimado mi reserva para la expedición, el día antes ya recibí los informes de otros viajeros de mi albergue que lo habían hecho esos días: las respuestas eran variadas. Unos había logrado verlos, otros no habían podido, ya que no siempre están en la zona a la que llega la expedición.

¿Qué suerte me tocaría a mi?

Hacia la aventura del oso polar. 

A las 8 de la mañana  nos reunimos en el lugar de salida, y, tras las explicaciones sobre el plan de ruta, el equipamiento y el vehículo, comenzamos la expedición con el sol despuntando en el horizonte.

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NOTA: yo fui en marzo, de los pocos tramos del año en los que hay día y noche en Svalbard. Del 18 de octubre al 14 de febrero se produce la noche polar, meses sin salida del sol. Asimismo, durante los meses de verano, se produce el sol de medianoche.

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Y entonces empezó el disfrute.

Un convoy de 10 motos surcamos la nieve por mitad de valles glaciales… La excitación por lo épico de la aventura y la adrenalina por estar conduciendo un nuevo vehículo a cerca de 80 km/hora con el aire chocando contra el casco se juntaban para conseguir un estado de casi felicidad máxima.

Habiendo cogido el control total de la moto (que al inicio se había hecho algo extraño), ya se pudo dirigir la atención al descomunalmente bello paisaje que se abría ante nuestros ojos…
Era como si en un viaje en el tiempo nos hubiésemos transportado a la era de las glaciaciones.

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Uno de los momentos más técnicos de la ruta llegó cuando nos adentramos por un pasaje sinuoso excavado entre roca de un antiguo glaciar. Había que marcar bien las curvas para no salir fuera del trazado y caer en zona de nieve más blanda.

Svalbard 2

Pero, sin duda, el momento de más tensión llegó cuando estábamos acercándonos a la costa este.

Tras pasar la zona de glacial, a la cual habíamos ascendido, al descender nos encontramos con una climatología diferente. Un cielo más gris y cubierto nos anunciaba la llegada a un terreno de mayor hostiliad.

Y esa hostilidad vino en forma de niebla.

El guía ya nos había explicado qué hacer cuando apareciese la niebla: no perder las líneas de trazado del resto de motos. y NO PERDER de vista la luz trasera del que iba inmediatamente delante nuestra

Moto de Nieve

Dicho así parecía sencillo. Pero la realidad mostró lo contrario.

Bajando como estábamos desde la zona de altiplano, vimos a lo lejos una tupida alfombra de nubes bajas que tapaban la vista. Ahí estaba ella, la temida niebla.

Con los músculos en tensión nos introducimos en sus fauces manteniendo la velocidad, juntando las posiciones entre unos y otros.

Al principio parecía que iba a dominarse sin problemas. Pero es que no habíamos llegado al núcleo de la niebla.

De pronto todo se volvió blanco. El suelo blanco, los laterales blancos, el cielo blanco. La luz roja del que iba delante se hizo más tenue y, sin darme cuenta, el temor me hizo aflojar la mano.

Entonces ocurrió: perdí la referencia visual.

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Si no lo solucionaba, eso podría suponer perder al grupo en mitad de la nada ya que ni tan siquiera las huellas se veían y podía desviarme fácilmente del camino.

Con angustia creciente en mi interior miré rápidamente mi velocímetro y vi que había bajado la velocidad. Con un atisbo de alivio al ver que la pérdida de referencia podría ser solventada si actuaba rápidamente, inyecté todo gas a la moto en busca de la ansiada referencia.

Sucedieron unos 5 segundos de angustia (todo un mundo en aquel momento) esperando ver aparecer la luz de posición de mi predecesor y, de pronto, allí apareció.

Continué a todo gas hasta situarme casi pegado. Si hubiese habido un frenazo podríamos haber impactado. Pero prefería eso a quedarme perdido en mitad de la nada en tierras de osos polares.

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Tras la niebla, por fin, vino la calma. El manto blanquecino empezó a dejarnos ver contornos a nuestro alrededor hasta disiparse por completo. Prueba superada.

La ruta continuó durante 10 minutos más y, tras 2 horas de expedición, comenzamos a ver el mar. Pero un mar diferente al de Longyearbyen, este era de un azul grisáceo, profundo y gélido como la atmósfera que le rodeaba. Cientos de placas de hielo se repartían por toda la extensión del agua.

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Sin duda alguna, era aquí: habíamos llegado al hogar del oso polar.

El paisaje era increíble… como haberse transportado al mismísimo polo norte o a la Antártida: imágenes que solo había visto antes en documentales. Un mar azul oscuro, frío, cubierto de placas y pequeños icebergs de hielo blanco y azul turquesa.

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La temperatura rondaba los 12 bajo cero y quitarse los guantes para comer o manejar la cámara era como meter las manos en un congelador.

Allí estuvimos, prismáticos en mano, deslumbrados por la belleza hostil del paisaje, oteando el horizonte ante la posible presencia de un oso.

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Pasamos en torno a una hora en el lugar, alternando entre esa y otra localización, un par de kilómetros más al sur, pero no. Ese día no hubo suerte. La expedición en busca del oso polar no había tenido su premio final ese día.

Con la ligera decepción del niño que espera encontrarse otra cosa al abrir un regalo, volvimos a las motos de regreso a casa, quedaban otras dos horas de vuelta y la noche podría caer sobre nosotros.

Pero fue algo momentáneo. A fin de cuentas, así es la naturaleza, no tenemos el control sobre ella. Y eso es precisamente lo importante y bello de ella. Como dice aquel poema de Kavafis: el camino a Ítaca es lo importante, no Ítaca en si misma.

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Y aquel viaje a través de los paisajes de uno de los lugares más inhóspitos y extremos de la Tierra era el premio real de la expedición.

Y eso, ni tan siquiera la ausencia de un oso polar podrá ya nunca arrebatármelo.

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12 Responses

  1. Tragaviajes dice:

    Joder que estaba en tensión leyéndolo por si te había pasado algo, hasta que he pensado, coño si ayer estuve con él y me he tranquilizado 🙂 . Una pena no lo vieras, aunque seguro que fue una pedazo de aventura. Un abrazo

    • DaniKeral dice:

      jajajaja, no, no me pasó nada, pero sí que hubo un momento de tensión entre la niebla. No hubo la guinda en forma de oso pero la aventura fue increíble, habrías flipado con los paisajes, de veras.

  2. Valen dice:

    Dios dios dios dios dios qué pasada! Por un momento me he sentido ahí mismo viviendo esos eternos cinco segundos. Con o sin oso vaya historia te has llevado contigo, pero siempre puedes volver a intentarlo 🙂

  3. ALEJANDRA dice:

    Por que será que la nieve o el hielo o ese color blanco eterno nos da la sensación de soledad
    Cuando estuve en Suecia y camine por el Báltico congelado pensé que sola estoy e inmediatamente en Benedetti en ….”Tengo una soledad tan concurrida….” Que lindo escribís Dani ya estoy suscripta para no perderme novedades

    • DaniKeral dice:

      Hola Ale! Es cierto, la nieve y los paisajes polares transmiten esa sensación de soledad que te hace introducirte dentro de ti mismo. Mario es tan bueno con sus palabras que es capaz de llenar la soledad de multitudes. Gracias por el piropo, me encanta que te guste mi escritura, espero poder darte más gustos lectores 🙂 Un abrazote!!!

  4. Que pasada Danieee

    Me encantaría conducir una moto de nieve, ya que la única que podido manejar es aquella de playmobil que tuve de crío xD

    Una pena no haber visto a los osos, pero si te digo la verdad, cuando llevaba un rato leyendo la entrada, se me había olvidado que habías ido hasta allí con ese objetivo, así que supongo que eso fue lo que te paso: la experiencia fue más grande que lo que esperabas encontrar.

    Por cierto, el nombre de “oso polar” mas que atemorizarme me recuerda a un refresco del que no diré su nombre por no hacer publicidad de Coca Cola, ¿vale?

    Un abrazoooooo

    • DaniKeral dice:

      Jajajaja, ya te imagino con la moto de playmobil. Yo tenía el barco pirata… qué tiempos.

      No hubo osos, pero la verdad es que poco me importó con lo bestial que era estar internándose en una tierra así de desconocida… Una pasada.

  5. Ramon dice:

    Buenas! me gustaría saber con que compañia realizaste la excursion! Me encanta tu blog! un saludo muy grande y gracias 🙂

    • DaniKeral dice:

      Hola Ramón, gracias por tu comentario.

      La excursión la hice con Svalbard wildlife, aunque hay varias y todas tienen más o menos las mismas tarifas.

      Un saludo, si vas a Svalbard, descubrirás que es una auténtica pasada!

  1. octubre 24, 2016

    […] Es, a parte uno de los pocos lugares a los que poder ir de expedición en moto de nieve para ver al oso polar, como la aventura que viví yo y cuento en esta otra entrada.  […]

  2. octubre 24, 2016

    […] Hay varias compañías de actividades locales. Yo os voy a comentar sobre Svalbard Wildlife (que podéis encontrar aquí), con la que yo hice espeleología en cueva de hielo y una expedición en moto de nieve a la costa este en busca del oso polar (aventura que podéis leer aquí)  […]

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